En la acuicultura actual, cada vez más enfocada en la eficiencia, la resiliencia y el uso responsable de los recursos, los subproductos animales terrestres, conocidos como PATs, se han consolidado como una opción eficaz y alineada con los principios de la economía circular. Ingredientes como la harina de plumas y la de ave, presentes desde hace años en las formulaciones de BioMar del mediterraneo Occidental, aportan un alto valor nutricional y contribuyen a reducir el impacto ambiental, sin comprometer el rendimiento productivo.
Estos ingredientes provienen de animales que ya forman parte de la cadena alimentaria humana. Aunque no se destinan al consumo directo, contienen proteínas de fácil digestión y un perfil de aminoácidos ideal para la nutrición de distintas especies acuáticas. A través de procesos seguros y bien controlados, se convierten en materias primas funcionales que permiten formular dietas más eficientes y adaptadas a las necesidades reales de nuestro sector.
Incluir PATs en la formulación de alimento acuícola responde a una forma más circular de entender la producción. Al recuperar nutrientes que de otro modo se perderían, estos ingredientes ayudan a aprovechar mejor los recursos y a reducir la generación de residuos. Esto, sumado a que son coproducto, su huella de carbono es considerablemente más baja en comparación con otras fuentes de proteína, como los ingredientes marinos o algunos cultivos vegetales destinados a la alimentación humana.
Además, su inclusión ayuda a reducir la presión sobre recursos marinos como la harina y el aceite de pescado, cuya disponibilidad es cada vez más limitada en muchos ecosistemas. También disminuye la competencia por materias primas vegetales, liberando recursos como tierras agrícolas, agua y fertilizantes que pueden destinarse a otros usos esenciales, lo cual se traduce en prácticas más sostenibles. Adicional a esto, el uso de subproductos de animales terrestres representa una alternativa económicamente aceptable a las materias primas tradicionales empleadas en la alimentación para peces, especialmente en contextos donde los mercados de materias primas presentan una alta volatilidad.
En la región Mediterránea, el uso de harinas animales lleva años dando buenos resultados. En especies como la dorada, la lubina o la trucha, se ha comprobado que aportan un buen valor nutricional sin comprometer el rendimiento ni la salud de los peces, incluso en contextos de incertidumbre en los mercados globales de materias primas. Esta capacidad de adaptación ha sido fundamental para mantener la producción en marcha y dar estabilidad a la cadena de suministro acuícola.
Actualmente, estos ingredientes se utilizan bajo estrictos marcos normativos y con sistemas de trazabilidad bien establecidos, lo que garantiza su calidad y seguridad. Su papel en la nutrición animal ya no es algo nuevo ni experimental, ya están plenamente integrados en la realidad del sector y contribuyen activamente a construir modelos de producción más equilibrados, responsables y eficientes en el uso de los recursos.
En un sistema alimentario que debe avanzar hacia esquemas más circulares e inclusivos, los PATs representan una solución tangible, contrastada y con amplio recorrido. Más que una alternativa, son un buen ejemplo de cómo cambiar la forma en que entendemos los residuos puede abrir la puerta a nuevas oportunidades para construir la acuicultura del mañana.